No sé cómo se despide a una persona querida. Tampoco sé si la despedimos porque la presencia-ausencia se enrosca en la silla y no avanza. Lo Tuve de profesor durante los años 93 y94. En realidad nos juntábamos un montón de pibes para medir lo que escribíamos y Gabriel, con una gran maestría y tacto, nos iba marcando puntos sobre los cuales trabajar. Acaso para no desanimarnos. Acaso para que siguiéramos escribiendo. Porque ese fue, creo su gran aporte, animarnos a escribir, sin pincharnos el zepellin. El oficio decanta solo. No hay porque amputarlo. El que no sabe o no quiere, no escribe y punto. El que sí, escribe toda la vida. Publicar es otra cosa.
Yo, por esos años, apenas pasaba los 20 años. Él supo entender mis intermitencias emocionales y económicas. Por él empecé a leer a Elías Canetti. Había retomado el contacto hacía muy poco, después de ganar el premio Letra Sur. Él recordaba mis poesías de aprendiz. Él se fue a no sé dónde. Te sigo algún día y tomamos otro café. Un abrazo.
Posteado por: leopatagonia | Julio 10, 2009
Chau Gabriel
Escrito en Literatura