Hace 16 años se moría en San Pablo uno de los precursores de la poesía neobarrosa. Militante del movimiento gay. Trotskista. Autor de uno de los cuentos más oscuros de la literatura argentina “Evita vive” y de uno de los poemas más crueles sobre la dictadura militar “Cadáveres”. En 1982 se marchó a Brasil porque los militares y el país lo estaban acorralando. Allí vivió su etapa más prolífica y más trágica. Se recibió de Antropólogo y se acercó a la religión Santo Daime. Escribió una decena de libros, entre los que se destaca su ensayo sobre la prostitución masculina y el SIDA. Murió en 1992.
Néstor Perlongher fue un experto en fugas. De aquellos que huyen hacia el barro. “El mayo francés, el hippismo, el viaje a la droga, el feminismo, el movimiento gay, todas estas alucinaciones que recorren nuestra sociedad son pulsiones del nomadismo, deseos de salir de la estructura, deseo de fuga”, dijo alguna vez. Y así fue. Su vida atravesó los bordes. Lo fue llevando. Acaso como una marea dispuesta a no mostrar los restos. Y se dejó llevar. Navegó por las zonas más oscuras. Y escribió sin parar. Hasta estampar las tripas. Para invitas las miserias frente a la miopía. Y comérselas, así nomás. Sanguinolientas. Frente a todos. Sin importar el marco.
Sus escritos no sólo dejaron una huella por corrosivos. Anudados. Sino que instalaron una novedosa forma de abordar la poesía: el neobarroso. Una escatológica y visceral métrica que desafió a los románticos. Por esos textos brotan el cuerpo de Evita prostituyéndose en el puerto, un exultante Padre Mario, cadáveres desaparecidos y Camila O’Gorman, entre otros. Y está el poeta. Resignificando para no lo atrapen los cánones y los productos en serie.
El 20 de junio de 1973, Perón retornaba de su exilio de hierro español. La cita era en Ezeiza. Y hacia esa zona se . Perlongher encabezó la columna del Frente de Liberación Homosexual. Horas más tarde la masacre. Perón ya no era Perón.
En 1975, y con la acción política amputada por las operaciones de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), escribió uno de los cuentos más escabrosos de la literatura argentina “Evita vive”. En un fragmento se lee:
- Me llamo Evita ¿y vos?
- Chiche, le contesté.
- Seguro que no sos un travesti, preciosura. A ver, ¿Evita qué? Eva Duarte, me dijo, y por favor, no seas insolente o te bajás.
- ¿Bajarme? ¿Bajárseme a mí?, le susurré en la oreja mientras me acariciaba el bulto.
- Dejame tocarte la conchita, a ver si es cierto. Hubieras visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa”.
El cuento fue publicado diez años después por la revista Cerdos & Peces. En 1989 El Porteño lo incluyó en un suplemento y provocó un revuelo editorial. Perlongher fue acusado de poco menos que blasfemo y se convirtió en un autor “maldito”.
A comienzos de la década del 80 salió a la venta su primer libro de poemas, Austria-Hungría. Allí quedaría plasmado su acercamiento a Osvaldo Lamborghini y José Lezama Lima. Ese mismo año publicó el ensayo La Familia abandónica y sus consecuencias, en co-autoría con Sergio Pérez Álvarez y Ramón Sal Llarguez. Pero el país había terminado por agotarlo. Y partió a San Pablo. En el trayecto se despachó con “Cadáveres”, uno de los poemas más testimoniales sobre la dictadura “La despeinada, cuyo rodete se ha raído/ por culpa de tanto rayito de sol tanto clarito/ la martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo; / la desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi/ la que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse/ para no ver lo que veía/ Hay cadáveres (…) No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay/ Respuesta: no hay cadáveres”.
Garoto de Avellaneda
Fugarse otra vez. Ese parecía ser el objetivo. Fugarse para desconocerse. Para hacer equilibrio en otros márgenes y sostener su génesis. Ser un nómade. Un recolector de experiencias callejeras. “Ahora que estamos en el tiempo de hacer desaparecer ese sujeto: blanco, heterosexual, cuerdo. Los nómades, por ello, son policiados. El solo hecho de estar vagando en la ciudad es un delito”, dijo oportunamente.
Durante su estadía en San Pablo escribió los libros: Alambres (1987), Hule (1989), Parque Lezama (1990), Aguas Áreas (1990) y el ya citado Chorreo de las Iluminaciones (1992). Sumado a los libros de ensayos, entre los que que se destaca O que é AIDS (1987) o el Fantasma del SIDA.
Néstor Perlongher fue un lúcido retador. De esos que no retroceden. Un barroso poeta urbano que supo vestir a las palabras como nadie. A veces frescas. Maquilladas de un portuñol con gusto al Dock. A veces arropadas en versos histéricos. Aliterados. Pero siempre epidérmicos. Ajenos. Cuando no quiso ser, fue Víctor Bosch (seudónimo) y cuando quiso, le alcanzó con reconocerse en lo desconocido. Publicó seis libros de poemas y otros tantos de ensayos. Trabajó en las revistas El Porteño, Fin de Siglo, Folha de San Paulo y en las parisinas Chimères y Sociétes. El pulso dijo basta el 26 de noviembre de 1992 en la ciudad paulista que lo había acogido. En “Canción de la muerte en bicicleta”, uno de sus últimos poemas se lee: “Ahora, ahora, en este instante digo / En lo inconstante, en lo inconsciente, en lo fugaz me disemino/ Disperso y fugo. En lo fongial del fango. / Imágenes ateridas bajo la lluvia de películas (…) Ahora que me estoy muriendo / Ahora que me estoy muriendo / La sofocación alza del cielorraso relámpagos enanos / que se dispersan en la noche definitiva e impasible”. Murió de lo que tanto sabía, sabiendo de qué moría.
Leonardo Iglesias

Le erraste con el calculo de los años, si murió en el 92 fue hace 16 años (no 26)
Por: Yo el Mayo 10, 2009
a las 4:20 pm
Tenés razón. Le erré en la tecla. No muerdo. La próxima dejá dicho quién sos.
Por: leopatagonia el Mayo 11, 2009
a las 1:45 pm
ME PARECE ACERTADA TU PAGINA DEDICADA A ESTE ESCRITOR ARGENTINO, FALTA AHORA QUE LE DES UN ESPACIO A PEDRO LEMEBEL… DE MEXICO GRACIAS
Por: CRUZ el Agosto 13, 2009
a las 9:38 pm