Posteado por: leopatagonia | Agosto 22, 2008

Richard Gillespie: Un inglés por la ruta montonera

Richard Gillespie (gentileza del autor)

“Estimado Leonardo, muchas gracias por su interés en hacer una entrevista conmigo. Desafortunadamente, debido a varios  compromisos de trabajo, no puedo dedicar más tiempo a entrevistas por el momento. Lo siento”. Richard Gillespie es inglés. Más precisamente de Lancashire, al nordoeste de Inglaterra. Aunque claro está, el correo electrónico acorta los océanos. Pero esa respuesta, que leo en mi casilla, no deja de obturarme el pulso: no por su negativa, si no por la calidez inglesa de su negativa. El autor de uno de los libros más emblemáticos, jamás escrito, sobre el peronismo setentista Soldados de Perón. Historia crítica sobre los Montoneros, publicado en 1987 y que acaba de ser reeditado por Sudamericana, se disculpa ante un ilustre desconocido.

Acá abajo, en Patagonia, en donde el mundo empieza a doblarse para desaparecer, “lo siento”, es casi una caricia. Quizá esa caricia sea hoy una consecuencia, del vínculo que armó en 1971 cuando, luego de haber estudiado Ciencias Políticas, empezó su fascinación por la política latinoamericana y en especial por la capacidad de movilización de la Juventud Peronista. Y que lo llevó a viajar a nuestro país, previo paso por Liverpool, con algunas líneas de investigación y un español que arañaba lo entendible. Fue todo muy rápido. En junio de 1975, caminaba por la Buenos Aires de Celestino Rodrigo y López Rega: entre la crisis económica y los embates policíacos de “El brujo”.
Después de ese “lo siento”, pensé que tal vez correspondía aclararle que serían sólo cinco preguntas. Y ensayé un segundo intento.
Si son solamente cinco preguntas, podría enviarlas e intentaré encontrar tiempo para contestar durante los próximos días”, respondió Gillespie, catedrático de ciencia política en la Universidad de Liverpool, fundador de Europe in the World Centre y Editor de Mediterranean Politics, entre otras actividades. Las preguntas fueron enviadas el 4 de julio. Tres días más tarde las cinco respuestas flameaban en negrita en mi casilla, junto con la aclaración de que tendría que someter el texto a correcciones típicas de nuestro idioma (trabajo que no hizo falta por su perfecto dominio del castellano) y la voluntad de enviar una foto.

Respuesta inglesa, pensé. Aunque ahora ya no había obturación del pulso. Me había acostumbrado rápidamente a que la calidez no encuentra mares en donde hundirse.
 

De un tiempo a esta parte nuestro país pareciera empezar o querer empezar a revisar el accionar de los movimientos revolucionarios de las década del ’70. ¿Cree que es necesario que la izquierda peronista, según su mirada de historiador, revise su accionar en la década del ’70? ¿Y por qué? O en todo caso ¿En qué contribuiría hacerse cargo del fracaso?

Todo movimiento político debería intentar aprovechar el capital, formado por su propia experiencia histórica, y la de otros movimientos comparables. La izquierda peronista no es ninguna excepción. No se trata de hacerse cargo de un fracaso porque era una experiencia con elementos positivos, aparte de los negativos. La izquierda peronista, junto con otras fuerzas políticas populares, tienen el derecho de reivindicar su papel destacado en la oposición al régimen militar, que finalmente forzó la concesión de las elecciones competitivas en 1973 y un periodo breve de libertad política. También llegaron a tener una capacidad de movilización social extraordinaria. La tarea de sacar lecciones de la historia tendría que ser cuestión de identificar aspectos positivos y no solamente negativos, y de aprovechar de las lecciones para renovarse en un contexto político diferente. Reivindicar la historia del movimiento de izquierda peronista sin espíritu crítico y autocrítico o renunciar a toda una experiencia, sin matizar, lleva a la esterilidad política.
¿La izquierda peronista tuvo la enorme valentía de discutirle o cooptarle el movimiento peronista al propio Perón? ¿O es una falacia pensar eso?
Al definirse como peronista y decidir participar en el movimiento peronista, la izquierda montonera no podía o no sabía discutir el principio verticalista del peronismo histórico. La definición peronista facilitó la actividad de masas y la creación de una base de apoyo masivo, pero a un precio muy alto. De no articular una alternativa política para seguir adelante cuando Perón, desde la presidencia de la nación, se alineó finalmente con los sectores menos radicales de su movimiento. Incluso después de la muerte de Perón, la tendencia ‘revolucionaria’ se esforzó en reclamar su herencia, en vez de intentar trabajar políticamente con otros sectores radicales. La experiencia demostró los límites de la estrategia política montonera, que a la vez era reflexión de su militarismo. Los Montoneros siempre pensaron en volver a las armas. Finalmente buscaron la resolución de sus propias contradicciones políticas en la violencia.

 

 

No estamos cometiendo un pecado científico al denominar “teoría” (nos hemos cansado de escuchar esa dicotomía)  a la “teoría de los dos demonios”, cuando en realidad de no deja de ser un juicio de moral hecho para sostener el control y la impunidad del terrorismo generado por el propio estado?
Totalmente de acuerdo. No es una teoría que merece el nombre, y su función, cuando no motivo, fue facilitar la impunidad de los responsables del terrorismo del estado. No dudo de la sinceridad de cierta opinión liberal en percibir a ‘dos demonios’  en la polarización violenta de la vida política argentina. Pero no había una gran cantidad de liberales, en Argentina en aquella, época y creo que muchos que defendieron el mito de los dos demonios lo hicieron por razones instrumentales y para no asumir los riesgos de buscar la justicia ante lo que quedaba del poder militar autoritario.

 

 

Después de escribir uno de los libros emblemáticos sobre la izquierda peronista, y haber vivido y caminado Buenos Aires en 1975 ¿Cree que la democracia era un valor en esa época o simplemente el medio para llegar a la revolución?
Mi impresión es que, mientras la Juventud Peronista disfrutó enormemente de la libertad durante el año 73, la mayoría de la izquierda peronista y marxista no sabía consolidar esta conquista. Tenían razón en no confiar demasiado en la estabilidad de la apertura política, dado que los militares se habían retirados con su poder intacto y los gobiernos elegidos a partir de los años 50 nunca habían podido durar un parlamento entero en el poder. Pero, en vez de valorar el potencial democrático y buscar desarrollarlo, la izquierda peronista se quedaba en el fatalismo. Eran minoritarios los elementos de la izquierda peronista que sí, intentaron adaptarse a la nueva situación y que abandonaron la lucha armada permanentemente, buscando hacer política. Pienso en algunos militantes de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), con bastante historia en la resistencia peronista. Esta gente rompió con la coalición montonera, pero incluso ellos no encontraron forma de canalizar una alternativa peronista, radical y civil. Fueron muy aislados y pronto se desanimaron.

 

 

En el prólogo de la nueva edición usted escribe “(…) en el caso de los montoneros mantiene un lugar destacado en la historia de la insurgencia, por ser el ejemplo de guerrilla urbana que más éxito relativo ha tenido a nivel mundial”. ¿Podría explicar por qué y compararlo con otros movimientos?

Los Montoneros superaron a sus contemporáneos de la guerrilla urbana al nivel internacional en varios sentidos: las dimensiones de sus operativos militares espectaculares (alrededor de 1975), su capacidad de movilizar y encuadrar a los militantes y simpatizantes, los recursos muy sustanciales que se acumularon. En estos sentidos, la guerrilla montonera superó incluso los Tupamaros en Uruguay, que fueron vistos, desde Europa, como prototipo de la guerrilla urbana, y que fueron, quizás, el movimiento más comparable a nivel de la estrategia. La guerrilla urbana fue un factor importante en la derrota de regímenes autoritarios en Argentina y en Irán

, pero al final no llevó al triunfo político de sus protagonistas. Y junto a los movimientos que puedan reclaman unos éxitos relativos, hay que recordar bastante más ejemplos que fracasaron rápidamente, sin conseguir nada. Hay que pensar en Brasil, Venezuela, y algunos países centroamericanos, por ejemplo, más o menos en la misma época. Las comparaciones internacionales son muy instructivas porque demuestran los límites del voluntarismo militarista, la importancia de la política y del contexto específico en cada país.

Leonardo Iglesias
* Esta nota fue publicada, el viernes 22 de Agosto, en el suplemento Tela de Rayón del diario Jornada.


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